Opinión

Nos la pintaron negra

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Alguna vez twitie sobre el privilegio que era poder ver el mejor rugby del mundo en nuestro país, todos los fines de semana. Eso, que en su momento parecía simple, hoy realmente es una utopía para el rugby argentino y un anhelo que cada vez se presenta más lejos para la Unión Argentina de Rugby.

Es cierto, el COVID-19 complicó las cosas, pero ya era sabido de antemano que el formato vigente no le cerraba a los neozelandeses y mucho menos a los australianos. Los sudafricanos, por su parte, eran auto sustentables y tenían un plan “b” en Europa que ya había rendido sus frutos con la inclusión de dos franquicias.

Ayer, Nueva Zelanda hizo oficial el anuncio de como será su competencia de franquicias en los próximos años y le dio la espalda a Jaguares y Sudáfrica. En cambio, si le abrió las puertas a un equipo de las islas del Pacífico, en un movida que seguramente tenga un trasfondo político en post de aprender la lección que dejaron las ultimas elecciones en World Rugby, en las cuales Agustín Pichot lideró al hasta entonces bien abroquelado eje del hemisferio Sur.

Mientras tanto, de este lado del océano, Jaguares sufre la dura realidad de vivir en un país endeble económicamente y de no tener un horizonte claro que le permita saber bien donde esta parado. Con el éxodo inevitable de los jugadores más consagrados y otros que seguramente emigren en estos días, la UAR busca de manera imperiosa asegurarse un lugar en alguna competencia, pero todavía no se escuchan buenas noticias. Europa, Estados Unidos y a último momento, Australia, aparecen como los nuevos paraísos para que los jugadores puedan mantenerse en el nivel adecuado, pero siempre desde la óptica de sumarse a un equipo y no de insertar a Jaguares en una competencia.

Sin un destino definido, la salida de varios jugadores no termina de dimensionar realmente la gravedad del problema y como afrontará la nueva versión de Jaguares la competencia en la que le toque desembarcar. Jugadores hay y de buen nivel, pero sin dudas el proceso será arduo y sumamente diferente a lo que se venía realizando y pregonando en los últimos cinco años, cuando se arrancó la aventura de un lejano Super Rugby.

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