Opinión

Haciendo los deberes

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Antes de que el Covid-19 se apoderase de nuestras vidas, la muerte de Fernando Báez Sosa era el hecho que acaparaba la atención mediática y por consiguiente de la sociedad. La trágica muerte del chico de Caballito a manos de un grupo salvaje de jóvenes de Zarate, puso las luces y el foco en el mundo del rugby y sus valores.

Tras hacer un buen análisis de la situación, la Unión Argentina de Rugby no se quedó en palabras y puso manos a la obra para llevar adelante su proyecto de Rugby 2030, el cual busca, no solo concientizar tanto a padres como jugadores de todas las edades, sino también empezar a generar un cambio de cultura en todos aquellos vinculados al deporte.

El derrame no se hizo esperar y desde las uniones provinciales, a través de los clubes y comisiones de trabajo que se han generado en cada institución, de manera virtual, ya se empezó a trabajar para “combatir” algunos problemas que anteriormente no eran vistos como tales.  Para nombrar un caso, los tradicionales bautismos que ocurren cuando un jugador debuta en la primera de su club serán uno de los primeros rituales a modificar, buscando cambiar una tradición que claramente había perdido el sentido y se había desvirtuado.

El principal punto de cambio que ha mostrado gran parte de la sociedad del rugby es haber admitido que ciertas conductas eran contraproducentes y realmente diferían de los estándares que tanto se pregonan en este deporte. Es cierto, el rugby como deporte no tiene la responsabilidad absoluta de lo sucedido en Villa Gesell o en tantos otros lugares. Sin embargo, es saludable que asuma su parte que le amerita en los hechos de violencia y trabaje para corregirlo, como ya lo está haciendo.

Lamentablemente, no es garantía que el cambio de la cultura de este deporte haga que este tipo de hechos dejen de existir. La sociedad excede los límites del deporte y es por eso que el trabajo para el cambio debe ir mucho más allá, empezando por cada familia pero también con la ayuda del estado para que podamos construir una sociedad mejor. Por lo pronto, el deporte ovalado ya dio el primer paso, sin mirar para el costado y haciéndose cargo de la parte que le toca, algo fundamental para que pueda empezar a generarse el cambio que todos esperamos.

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